sábado, 27 de octubre de 2007

sin ella

La mandaron a arreglar, y hay un vacío terrible en la cocina. Porque el lugar lleva el nombre de lo que por ahora no está. Un hueco enorme ahí en la entrada me recuerda que por una semana. UNA SEMANA no voy a poder comer tarta de zapallitos. Entendés lo que te digo?
Y por ahora contamos con un calentador de inmersión. Para hacer té, o té, o té, o té.
Con Padre estuvimos armando estrategias sobre las cosas que se pueden cocinar con un calentador de inmersión: por ejemplo: En las ranuritas se ponen granos de arroz, y eso se sumerge en agua. O se pone un chancho (obviamente muerto) arriba de la mesada y se prende el calentador de inmersión y se va cambiando de lugar al calentador de inmersión hasta que se cocina el chancho. O en una olla se pone agua fría con fideos y el calentador de inmersión y esperar a que se cocinen. O se pone maíz pisingallo adentro de la olla con un poquito de aceite y el calentador de inmersión y se espera hasta que haya pororó adentro de la olla.
En fin, este post debería titularse la asombrosa capacidad de reírse de las dificultades que hemos desarrollado con Padre.

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