domingo, 5 de octubre de 2008

- Hola, soy tu destino y te estoy poniendo a prueba!

1- Recital con *él*: fuimos con el amigo de *él* por el cual con todas mis amigas moríamos en la secundaria.
2- Luego del recital: buscamos al amigo del amigo este. Her-mo-so. Tomamos cervezas con her-mo-so y con el número 1, y con *él*, obvio.
3- Misa: Hermano menor de una amiga. Pequeña criatura que vimos crecer y ahora está convertida en un señor por el cual nos seguimos babeando. Nos saluda en la paz. 21 añitos. En fin.
4- Y... claro, ver al que de vez en cuando nos sigue haciendo cosquillas en la panza, pero cuando podemos (como por ejemplo ahora) atribuimos esas cosquillas a que indispuestas somos más sensibles, y bla bla.
Pero después volvemos a esos brazos y nos olvidamos del amigo, del amigo del amigo, del hermano de la amiga y de ese que nos hace cosquillas. Y sonreímos y amamos, y estamos seguras de lo que elegimos. O estamos seguras de lo que elegimos porque lo amamos, y eso nos hace sonreír. O nos hace sonreir, y eso nos hace estar seguras de elegirlo y de amarlo. Es lo mismo.