Cuando era muy muy chiquita, con mi abuela nos ibamos a la placita esa que queda enfrente del correo, ella me contaba cuentos mientras yo comía sandwichs de pan negro con queso y azúcar (queso y azúcar, que espanto!) De postre había alfajor Blanco/Negro de Bagley. El mejor alfajor del universo, sin dudas. No se si tanto por el sabor del alfajor o si era más por la situación que me gustaba. Escuchar cuentos, en esa plaza que yo pensaba que quedaba lejísimo de la casa de mi abuela porque cuando uno es chico todos los lugares son lejísimos y todas las personas son viejísimas (la infancia se vive en un mundo de aumentativos).
La cuestión es que siempre a mi me tocaba poco de ese crocante de maní que trae arriba, siempre poquito, un par de granitos nada más. Y hoy, a los 24 años y ya bastante crecidita, me tocó mi revancha. Gracias señores de Bagley y gracias al destino por regalarme un alfajor con tanto TANTO crocante. Después de tantos años como clienta creo que me lo merecía. Sin dudas. Ampliamente.
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