jueves, 20 de diciembre de 2007

Mi vida CON mí

Hubo un momento de mi vida en que me obsesionaban muchas cosas. No podía caminar si pisaba las uniones entre las baldosas. No podía apagar la luz si no tocaba alrededor del botoncito de la luz primero. Tenía que saltar dos veces antes de abrir la heladera. Y lo más grave de todo es que lo TENÍA que hacer. Era una cuestión de vida o muerte. Sí o sí. Todas esas cosas me empujaron al diván psicológico de una señora simpática, que conocía y que me prometió "que no le iba a contar a nadie"
Y era horrible porque no lo podía evitar. O sea, haya quien haya adelante mío yo TENÍA que cumplir con el ritual.
Amigas, ex novio, familia, vecinos. Todos con caras incrédulas y con el signito de pregunta arriba de sus cabezas como en los dibujitos animados, miraban mis movimientos extraños al saltar las baldozas y mirar atentamente para no pisar las uniones de las baldozas.
De todas esas obsesiones hoy solo conservo dos: cada vez que me sirvo galletitas, tengo que comer de a dos. TENGO que hacerlo, sí o sí.
Y cada vez que piso el comienzo de una vereda tengo que pisar con el pie derecho. TENGO que hacerlo.

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