Si hay una materia que siempre odié con toda el alma fue matemática.
En la primaria tenía una señorita divina, Sandra se llamaba. En tercer grado ella dibujaba 3 globitos en el pizarrón y arriba, con una letra cursiva escribía "cálculos orales".
Y nos decía "dibujen los tres globitos". Y después nos decía tres problemas para que resolvamos "oralmente" sin lápiz y sin papel.
"Ana tenía tantas naranjas, comió tantas otras, compró tantas, le regalaron tantas, las repartió entre sus hermanos. Cuantás le tocaron a cada uno?"
Yo me detenía a pensar el lo jugosa que debía ser la naranja, en cómo sería la tal Ana, y en si era obligación repartir equitativamente entre sus hermanos. Porque si Ana era mala, se comía todo ella solita.
Y mientras pensaba en eso, pintaba prolijitos los tres globitos, dentro de los cuales debería estar anotando los resultados de los cálculos orales.
Siempre esperaba que salte otro con la respuesta, entonces yo largaba el lápiz rojo (siempre fue mi favorito) y agarraba el lápiz "para escribir" y anotaba el resultado adentro del globito.
miércoles, 12 de diciembre de 2007
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