Indeciso, gracioso, comprador, inteligente, chamuyero, simpático, laburador, ganador con las minas (pero no creido), inconstante, cambiante, inestable, detestable, divino, un amor y un hijo de puta. Un cóctel loco, loco, que me da vueltas la cabeza.
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N.J.M
resulta que yo le pedía a Dios que sea bueno, que sea lindo, que sea trabajador, que sea un dulce, que me quiera, que me cuide, que me tenga en cuenta, que sea caballero, que no me haga sufrir, que le caiga bien a mi familia, que me regale muchos chocolates, que me enseñe a jugar al truco, que bese bien. Que si tenía todas esas cualidades yo total me iba a enamorar solita. Ay! pero no.
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En primer grado me gustaba un pendejito de mi grado que era rubio (guacala!) y flaquito. Pobre pibe! era horrible, pero con mis amigas (porque obviamente nos gustaba a todo el grado) decíamos que era el príncipe de Blancanieves (aclaro que en ese entonces todavía no usaba lentes yo). Lo único bueno era que tenía ojos claros (verdes o azules ponele).
El otro día me crucé a un pibe HERMOSO con mayúsculas. Castaño claro, medio despeinado. Flaco pero flaco bien, flaco copado. Con unos ojazos divinos. Infartante, ponele. Y va y me dice
-Hola!
naaaaaaaaaaaaaa no te lo puedo creer, pero era el príncipe de Blancanieves!
Visión de futuro lo llamaría yo.
domingo, 7 de octubre de 2007
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