En realidad este post debería haberlo escrito ayer, pero por ningún motivo en especial, va hoy.
Es imperdonable que hagas ruido en casa después de las 21:30. Im-per-do-na-ble.
Pero resulta que ayer Angie se colgó viendo la tele, y a eso de las 23:30 se le ocurre cenar. Mostacholes de la huerta! no una sopita, o un té que se hacen fáciles. No, mostacholes de la huerta. (Porque cuando me antojo, no me antojo de boludeces, no señor, yo me quiero casar con Javier Saviola, dejate de joder!)
Pero todas las puertas de la alacena de casa hacen ruido, y está prohibido hacer ruido. Entonces como una buena girl scout que se las arregla con lo que hay, empiezo la cocción.
Olla: Hay, usada, pero hay. La uso de nuevo y pongo agua a hervir RUIDO DE CANILLA.
Sal: Si saco la gruesa, tengo que abrir el cajón que hace ruido. La sal fina está sobre la mesa. Uso la sal fina.
Mostacholes: Sobre la mesa. Ni un drama.
Salsa: Hecha, nada más hay que calentarla. Divina, si hasta una buena cantidad de orégano tiene.
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Una vez cocinados los mostacholes y calentada la salsa, se sirven.
Claro... donde se sierven?
Plato: No hay, hay que abrir la alacena que hace ruido. No. En el lugar de los platos secos? Nada. Ok, entonces se come en una fuente que hay ahí.
Cubiertos: un solo tenedor.
Queso: Abro la haladera y lo saco. Porque me banco comer sentada en el piso, poner los fideos en una fuente, salar el agua con sal fina y lo que quieras. Pero un fideo sin queso no es fideo. Querida.
Shhhhhh! Cine mudo, cena muda y mostacholes de la huerta. Voilá!
miércoles, 20 de junio de 2007
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