martes, 19 de diciembre de 2006

otro suelto!

El último capricho:

-Mami, quiero que me compres los rastis- exigía Jorgito Arbusto cuando tenía 5 dulces añitos.
-¿Los rastis? ¿Y para qué querés esos ladrillitos de plástico de colores?
Jorgito Arbusto, que en realidad se llamaba George Bush (porque había nacido en el país de los gringos), seguía pidiéndole los rastis a su mamá, pero ella no hacía caso del capricho de Jorgito. Entonces el niño le pidió el juguete a su padre: el Gran George, que quiso saber el motivo del antojo del niño.
Jorgito le explicó a su papá que quería armar una gran muralla de rastis para separarse de la sucia sirvienta sudaca: no soportaba su idioma, el color de su piel, ni esa sonrisa desagradable que coronaba su rostro.
Al Gran George no le pareció tan descabellada la idea de separarse de la sirvienta, pero no le gustaba tener la casa dividida en dos por una ridícula pared de rastis de colores.
Fue así que nadie cumplió el deseo de Jorgito.
Hoy él es el presidente de la nación más poderosa del mundo y firmó la llamada “Ley del muro”, para construir una pared que separe a los sudacas mexicanos de su país civilizado.
La pared no será de rastis, pero igual servirá para cumplir el viejo capricho de Jorgito.


Es así... cuando me inspiro soy grossa (pueden creer que estoy desocupada)

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